Un ilustrador trabaja con el corazón, para mí es más satisfactorio ver la reacción de los niños cuando miran y dicen: «¡uy! mire esto», «¡ay! tan chévere», se siente una alegría indescriptible.
Diría que hay varios retos, porque los niños cambian rapidísimo. Pienso que los ilustradores –lo digo personalmente– somos niños en un cuerpo de determinados años. Cuando estuve trabajando con niños, me di cuenta que la niña que yo soy es muy diferente al niño de este tiempo, es diferente en todo, a nivel de comunicación me daba cuenta del manejo del color. Sus niveles de comunicación en la imagen es mucho más contundente, lanzada y atrevida, sin decir que los niños que fuimos hace unos años fuéramos bobos, no, es diferente. El manejo de la comunicación va cambiando.
Es una responsabilidad, porque tú debes ser consciente que, según las imágenes que estás creando, éstas pueden convertirse en un apoyo para ellos en determinadas situaciones de la vida, y más si se trata de libro texto.
Pienso que otro reto importante es que los niños se sientan cómodos con las imágenes, que esas imágenes que les estás ofreciendo no los limiten, ¡al contrario!, la ilustración debe abrir ventanas. Tú le regalas una imagen a un niño y él, a partir de allí, debe crear sus mundos, sin importar que haya un texto de por medio, pues la imagen no lo debe encerrar; así mismo, ellos también tiene una etapa en
la que dicen «los libros, las animaciones que ven en televisión, realmente son bonitas y lo que yo hago no es tan bonito y no está tan bien hecho».Hay que abrirles ventanas y no creerlos bobos, son súper creativos, ellos tienen un lenguaje exquisito, a medida que tú les des van a empezar a exigir imágenes y a crearlas y, aunque no sean ilustradores, constituyen un público que debe ser muy respetado.Ellos no son sólo el futuro, pienso que en muchas
cosas deberíamos guiarnos más por los niños.

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